Tipos de quemaduras



¿Qué son las quemaduras?

Dentro de la medicina, se habla de  quemaduras para hacer alusión a todas aquellas lesiones que sufren los tejidos de un ser vivo a partir de las elevadas temperaturas a las que puede verse expuesta la persona, por ejemplo, entrando en contacto con metales calientes, fuego, agua hirviendo o vapor.

También se pueden producir quemaduras por entrar en contacto con electricidad, ya sea con corriente alterna o continua o como consecuencia del contacto con sustancias químicas -que pueden ser alcalinas, ácidas o disolventes. Además, las quemaduras pueden ser el efecto de radiaciones como los rayos ultravioletas a partir de la exposición al sol durante un determinado período y en cierto horario o bien, por entrar en contacto con rayos X.

Clasificación de las quemaduras

Según la profundidad y extensión que adquieran estas lesiones, el tratamiento al que se deberá someter el individuo variará. Tomando en cuenta estos rasgos, se pueden identificar las siguientes clases de quemaduras:

1. Quemadura de primer grado: esta clase de lesión en los tejidos tienen la cualidad de ser superficial, por lo que únicamente afecta a la epidermis, es decir, la capa más externa de la piel. Por lo general, esta quemadura es la que se produce como consecuencia de haber estado expuesto al sol durante un lapso de tiempo prolongado. Es por ello que los principales síntomas de estas lesiones son el enrojecimiento de la piel, lo que se denomina eritema, y la sequedad de la misma. Además, la persona suele padecer dolor cuando su piel entra en contacto o roza algo.

Por otra parte, suele ocurrir que la epidermis se hinche, pero sin que se produzcan ampollas. Esta clase de quemaduras suelen ser más comunes en verano, cuando el sol es más fuerte y las personas suelen estar más expuestas al mismo, aunque también puede ocurrir en la nieve, donde el sol también se vuelve dañino. En estos casos, suele hablarse de insolación. Las quemaduras de este tipo son las de menor gravedad aunque, en algunos casos, puede dejar zonas de la piel hiperpigmentadas.

2. Quemadura de segundo grado: estas clases de lesiones, en cambio, no sólo afectan a la epidermis sino que también a la dermis –la capa intermedia de la piel– la que se ve involucrada. Cuando una persona sufre esta clase de quemaduras los síntomas son más graves que en el caso anterior. Además de la hinchazón y el enrojecimiento de la piel comienzan a formarse ampollas, sentir dolor y hasta incluso la persona se vuelve sensible hasta cuando hay una brisa de aire.

También, la piel puede adquirir un aspecto lustroso como consecuencia de la supuración de sustancias líquidas. En algunos casos, el paciente puede hasta llegar a perder pedazos de piel. Dentro de estas quemaduras se pueden identificar las superficiales, que son aquellas en las que además de la epidermis, la parte superior de la dermis se ve involucrada. Es por esto que los síntomas más comunes en estas lesiones sean la exudación de suero o la formación de ampollas. Y a esto se le suma que la piel se torna color rosado, que se vuelve blanco cuando se le ejerce presión. Si bien pueden llegar a dejar alguna cicatriz, estas quemaduras suelen curarse solas, pasados los 20 días.

Por su parte, en las profundas, la dermis se ve afectada hasta en un 75% de profundidad. En este caso, el área quemada adquiere una apariencia pálida que, a diferencia del caso anterior, no se torna color blanco cuando se le ejerce presión. Además, la piel se vuelve pastosa y suele verse cubierta por una costra de un grosor considerable y bastante dura. A diferencia de las superficiales, estas quemaduras suelen dejar cicatrices y hasta pueden producir la pérdida o deterioro del cabello y de glándulas sebáceas.



A pesar de las heridas que se producen en la piel por estas quemaduras, ésta no suele quedar con marcas ya que se regenera en un 100%, por lo que con el paso del tiempo no se diferencia de la piel que no se ha visto afectada, sino que vuelve a adquirir su misma apariencia. De todas formas, pasados los primeros días luego de que se haya producido la lesión, se producen ampollas de agua, que pueden ser profundas o superficiales, que, cuando se revientan, además de largar un líquido, dejan expuesta a la dermis, por lo que la persona debe cuidarse de no adquirir alguna infección o contagiarse algún germen. A esto se le debe sumar el ardor y el eritema.

3. Quemadura de tercer grado: esta clase de lesiones, también conocidas como quemadura total, se caracteriza por destruir no sólo a la epidermis, sino también a la dermis. De esta forma, el color que adquiere la misma es carbonizado. Lo que provocan estas quemaduras, que son las más graves de todas, es que la persona pierda la sensibilidad, como consecuencia de la destrucción de las terminaciones nerviosas. También, pueden llegar a verse dañados los huesos, tendones y músculos del paciente, como consecuencia de la profundidad de la herida, que siempre deja alguna cicatriz.

A la hora de tratar estas quemaduras, se pueden realizar injertos cutáneos. El paciente debe tener mucho cuidado, ya que el verdadero alcance de la quemadura puede conocerse hasta dos días después, período en el que debe estar muy atento de no adquirir una infección o isquemia, que puede volver más grave aún la herida. Algunas de las consecuencias que pueden traer estas lesiones son desde el cáncer de piel hasta un carcinoma epidermoide o incluso dolores en las articulaciones que se han visto afectadas por la herida.

Algunos de los síntomas propios de estas quemaduras es que la grasa quede expuesta, que se produzcan edemas, que la piel adquiera un aspecto similar al cuero, con algunas manchas blancas. Además, por afectar a las terminaciones nerviosas se caracteriza por ser una lesión indolora.

4. Quemadura de cuarto grado: las lesiones conocidas bajo este nombre son las que siempre afectan a los huesos y músculos del paciente. Un rasgo característico de esta quemadura es que no sólo se produce como consecuencia de estar en contacto con elevadas temperaturas, sino que también pueden ser la consecuencia de la exposición a temperaturas extremadamente bajas, incluso hasta alcanzar el congelamiento. El impacto de estas quemaduras es tal que puede generar la caída de algunas extremidades, como puede ser un dedo o nariz o bien, producir necrosis. Lo más común es que esta clase de quemaduras sean padecidas por niños de muy corta edad debido a que su piel resulta mucho más sensible que la de un adulto.

 

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